Capto las ideas, las sensaciones, deseos, los miedos e inseguridades que tienen. Pero no son ellos quienes me las muestran, me las ofrece su silencio. Cristales desde los que penetrar el alma. Percepción. Ver más allá de las palabras, más allá del lenguaje.
Percepciones más pequeñas que el mínimo expresable o cosas más pequeñas que palabras. Estrangular al lenguaje y retorcerle el pescuezo hasta forzarle a escupir la verdad siempre fue el único camino. Todo filósofo tiene algo de bárbaro: escandaliza el buen uso lingüístico denunciando en él la estupidez de su tiempo. A menudo parece alguien del pasado, otras de un futuro imposible, pero un pensador siempre tiene algo ajeno a su tiempo y lugar. La filosofía es un estado de extranjería sin remedio (es muy curioso ver el papel de los extranjeros en los diálogos platónicos, por ejemplo: traen una verdad peligrosa pero inapelable).
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