Y sólo cuando su tenue voz desgarra mi entereza, yo me siento vivo, sólo entonces quiero volver a dirigir mi corazón hacia los vértigos de la demencia. Como el fuego que busca al agua para mitigiar el dolor que es su existir. Su arder. El escozor de un corazón en piel viva, despellejado y roído por frustradas ilusiones ahora cubiertas de mierda.
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ResponderEliminarMuy bueno asere
ResponderEliminarey... me encandiló este escrito.
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