jueves, 12 de julio de 2012

Distingo en ti un resplandor que fulmina toda necedad, veo una mirada limpia que devasta con su pureza.
En tus cabellos descuidados azote de vanidad. En tus efluvios invisibles el cadalso de mi condena.
Y así me matas y así me encumbras. Así me sumerges en la miseria de los hombres.

Y aunque me das la VIDA más pura, te odio.
Y aunque pulverizas la poca ilusión que aún alberga lo que me queda de inocencia. Te quiero.

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